Simetría facial en violinistas y violistas

Simetría facial en violinistas y violistas

La palabra simetría, cuando se aplica a la morfología facial, se refiere a la correspondencia en tamaño, forma y posición de los puntos de referencia faciales en los lados opuestos del plano medio. Según esta definición, el complejo craneofacial ideal debería tener cada mitad, tanto la derecha como la izquierda, estructuras idénticas o con diferencias mínimamente perceptibles al ojo humano.

Sin embargo existen asimetrías por la alteración en el crecimiento de alguno o varios huesos. Estas alteraciones concretas pueden ser genéticas (derivadas de la herencia familiar) o adquiridas (provocadas por factores locales que pueden moldear el crecimiento como traumatismos, infecciones, hábitos, etc…).

El violín y la viola se denominan instrumentos de cuerda frotada, ya que la cuerda se pone en vibración al ser frotada con un arco. Se trata de los instrumentos más numerosos dentro de una orquesta. Entre ellos la morfología es similar, pero se diferencian entre sí por el tamaño de los mismos. En concreto, estos instrumentos se sujetan con la mandíbula y la clavícula adquiriendo para su ejecución una posición asimétrica hacia el lado izquierdo, adelantando la posición del cráneo y produciendo una contracción irregular muscular para mantener estable el instrumento. A esta posición se suma, además, la presión que se ejerce entre el mentón y el hombro, que llega a oscilar entre 30 a 70 Newtons en el momento de la ejecución instrumental, según un estudio realizado en Alemania por Steinmetz y colaboradores.

Esta presión ejercida de forma diaria en la misma zona es capaz de actuar como un aparato de ortopedia, de ahí que pueda llegar a actuar sobre el crecimiento mandibular de la persona. A este respecto, un estudio realizado en la Universidad Complutense de Madrid con la colaboración de las principales orquestas profesionales que tienen su sede en Madrid concluyó que el hecho de tocar estos instrumentos de forma prolongada, tal y como ocurre si se hace desde la niñez hasta la edad adulta de forma profesional conlleva un riesgo de presentar hasta una asimetría mandibular 5,33 veces más que un individuo que no toque dichos instrumentos en su vida.

Source: A tu salud

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